LA CÁTEDRA DE MARCUS VALERIUS MARCIALIS

14 enero, 2013
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Marcus Valerius Martialis, aquel hispanorromano nacido en Bilbilis, hoy Calatayud, en el año 40 después de Cristo, va a dar nombre a este apartado de ÁGORA HISPÁNICA en el que, si no todos los días, de vez en cuando reivindicaremos los orígenes, la cuna de nuestra cultura latina, que es al fin la de Occidente; aunque para hacerlo más entrañable y cercano el título será: LA CÁTEDRA DE MARCIAL. Aquella Roma, a su vez heredera del magisterio de Grecia, que lo fue todo en lo político: monárquica, republicana e imperial; pero sobre todo fue la madre loba de la que, como Rómulo y Remo, sus míticos fundadores, los pueblos y naciones de hoy han mamado la leche de una cultura ya sin fronteras.

Se dice que los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla. Decir lo mismo de la cultura es ratificar con más fuerza y amplitud este aserto; porque la cultura no tiene sentido sin la historia; ni ésta, la historia, sin la cultura. Y no se tomará por exageración añadir que la una sin la otra es un contrasentido o un contradiós ya que rememoramos raíces paganas.

Hace ya mucho tiempo, se está cayendo en ese fatal olvido; lo que produce un estado general en el que a lo que llamamos cultura bien podríamos denominarlo estado de ACULTURA occidental y universal por el que, conociendo mucho de tornillos y herramientas técnicas, desconocemos el origen de los vocablos o palabras a las que estos deben su nombre.

Estoy seguro de que alguno, o muchos, dirán: “Y ¿para qué necesito eso? Qué me importa el origen de mi nombre”. Y posiblemente se queden tan anchos dándose su propia explicación: “A mí me llaman Marcial y a este Valerio para distinguirnos, lo mismo que a este objeto de barro lo llaman cazuela y a este otro cazuelo”.

Empecemos, para ilustrarnos en letras, contando brevemente quién y cómo era Marcial, aquel Marcus Valerius Marcialis, que no vivió para conocer la jota bravía con que sus descendientes, los maños, nos hacen hervir la sangre. “¡Los de Aragón…”. En lo que a mí respecta, Bilbilitano, por español, del siglo XXI, me ligan afinidades con este antecesor hispano en cuanto a gustos, como era, por ejemplo, su deseo de volver desde la gran ciudad a la vida rural –yo a mi viña- y acabar en ella sus días, como muestran estos versos dirigidos a su tocayo Tulio Marcial:

“Las cosas que hacen feliz,

amigo Marcial, la vida,

son: el caudal heredado,

no adquirido con fatiga;

tierra al cultivo no ingrata;

hogar con lumbre continua;

ningún pleito; poca corte;

la mente siempre tranquila;

sobradas fuerzas, salud;

prudencia, pero sencilla;

igualdad en los amigos;

mesa sin arte, exquisita;

noche libre de tristezas;

sin exceso en la bebida;

mujer casta, alegre, y sueño

que acorte la noche fría;

contentarse con su suerte,

sin aspirar a la dicha;

finalmente, no temer

ni anhelar el postrer día”

La fama universal de Marcial le es tributaria por sus celebérrimos epigramas, un género literario en el que su ingenio satírico, sin concesiones a la moral, pintaba con la imagen de un verso conciso aquella sociedad romana de la que el poderío político, la monumentalidad y las grandezas no podían ocultar sus vicios. En aquella poesía eprigramática retrataba con cuatro exactas y precisas pinceladas conceptuales la abigarrada vida y los defectos de aquellos ciudadanos de Roma: la mujer con su moral al desgaire, soltera, casada o viuda, el oportunista, el roñoso, el rijoso, el cabronzuelo, el bribón, el incauto, el degenerado, etc.

He aquí, por otro lado, a dos mil años de distancia, una lección de liberalidad, que en posteriores siglos se perdió hasta llegar a nuestros tiempos con una rigidez inquisitorial de la que hemos visto padecer a miles de personas por la hipócrita conducta de unos censores de oficio y beneficio. Discúlpese la procacidad, incluso la impudicia de las palabras, por la agudeza y donaire de la composición poética de nuestro Marcial:

Eros se deja dar por culo, Lino la chupa? Olo, ¿y a ti qué

lo que el uno o el otro hagan  con su pellejo

Matón jode por cien mil sestercios, Olo, ¿y a ti qué?

Por ello no tú, sino Matón se va a arruinar.

Sertorio se pega unas cenas hasta el alba: Olo, ¿a ti qué,

si tú puedes roncar durante toda la noche?

Lupo debe a Tito setecientos mil. Oye, Olo, ¿y a ti qué?

No des ni prestes ni siquiera un as a Lupo.

No quieres enterarte de lo que te concierne, Olo,

y de lo que más debía preocuparte:

Debes tu toga, esto te concierne, Olo.

Nadie te presta ya ni un céntimo, esto también.

Tu esposa es una perdida; esto de concierne, Olo.

Te pide ya la dote tu hija ya casadera; esto también.

Podría decirte quince veces lo que te concierne.

Pero lo que hagas, Olo, a mí no me concierne en nada.

            Esta es la esencia de un epigrama, una “composición poética  breve en que con precisión y agudeza se expresa un pensamiento festivo y satírico”

Marcial era tan consciente de su ingenio y la alta calidad de su literatura que, sin recato y mucha ironía, le dice a un tal Pontiliano, que no debía de ser precisamente un Virgilio:

¿Por qué no te mando, Pontiliano, mis libros

Para que tú no me mandas, Pontiliano, los tuyos.

Acabo con la desazón e inquietante duda de cómo hubiera sido el epigrama dedicado a su posterior paisana la Dolores y su canción de “Si vas a Calatayud…”

BILBILITANO

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2 Responses to LA CÁTEDRA DE MARCUS VALERIUS MARCIALIS

  1. PARA-CENTÓN on 17 enero, 2013 at 21:53

    En primer lugar animarle Don BILBILITANO a que desarrolle usted la CÁTEDRA DE MARCIAL, pues falta está AGORA HISPÁNICA de ésta parte del “saber”

    En cuanto a MARCO VALERIO MARCIAL añadir que vivió en un mundo donde el poder concentrado en unos pocos se sostenía en la miseria de muchos y en la esclavitud de otros muchos; su ideario era claro y preciso… a éste mundo no he venido ni a trabajar ni a pagar impuestos. Cierto que no fue rico, pero fue rémora de emperadores, políticos y literatos, y en tal sentido se esforzó por vivir cerca del “poder” sin acordarse jamás de la bucólica vida del campo, donde murió en virtud de un regalo que recibió.

    Los versos que usted, don BILBILITANO, copia en su texto, son claros en cuanto a la posición ético-moral de Marcial, sobre todo el último de ellos… “pero lo que hagas, Olo, a mi no me concierne en nada”, que recuerda a las morcillas que revientan en la sartén y al vaya yo caliente, y que sigue la tradición de ANACREONTE cuando dice:

    “Tan solamente cuido
    de que mi barba gaste
    ungüentos que despidan
    olores muy fragantes,
    y de que mi cabeza
    con rosas se guirnalde”

    También ALCEO nos dice:

    “¿Qué utilidad sacamos
    de dar pecho a los sañudos males?
    ¿Ni que placer hallamos
    en angustias mortales?
    Venga el vino sabroso,
    que no hay mejor remedio a los dolores
    que beodo y gozoso
    disfrutar sus favores”

    SIMONIDES DE CEO:

    “No puede el hombre gozar
    una cosa más hermosa
    que la mujer, ni una cosa
    peor puede disfrutar”

    Y para terminar la poetisa SAFO:

    “Con la suave Venus,
    en delicioso lecho,
    dormí entre frescas rosas,
    dormí amorosos sueños”

  2. Bilbilitano on 18 enero, 2013 at 8:44

    Gracias, PARA-CENTÓN, por esa selecta y sabia aportación que usted hace a mi trabajo. Con ello entiendo y me alegro de que haya más escritores y lectores de ÁGORA HISPÁNICA que se impliquen en esta trascendente tarea de recuperar la raíces de nuestra civilización y cultura.
    Con su ayuda y la de los que quieran incorporarse, porque así lo entienden y creen, podemos hacer todos juntos una importante tarea.
    Gracias y un abrazo.

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