Hacer y deshacer España, razonadamente.-

25 septiembre, 2012
By

 

 

 

 

Lo de Patria es quehacer común como tal sentido. Lo de Nación es referido a Estado, y Estado a Nación. Estado es el conjunto de instituciones al servicio de lo común. Y Nación el ámbito territorial, de población, geográfico, sobre el que se asienta el Estado. Todo esto a lo largo de los tiempos ha venido adquiriendo, más que formas, distintas expresiones, pero para entendernos ahora basta.

 

España es una realidad histórica, con una identidad asumida de las más antiguas de Europa. Y hoy por hoy constituida en Estado, El Estado Español, que es entonces la cuestión.

 

Lo de Patria es cosa de cada cual, de sentirse aludido, de merecer la pena. A lo que todos estamos igual de llamados, pero realmente ninguno obligado, y no cabe ni jactarse ni dejarse ganar la partida. Lo de Nación es referente a lo nativo, lo local, lo geográfico, en expresiones que siguen vigentes, de utilidad plena, óptima por su sencillez y precisión.

 

        Pero las instituciones son levantadas y mantenidas por los hombres, dependientes de su voluntad, de la manera que sea. Constituyen la forma vigente que se le da a una realidad histórica determinada.

 

        Y en todo momento pueden ser alteradas por los hombres mismos. Se fundamenten en lo que sea, todo pasa por la apreciación de los hombres de cada generación, por su capacidad de decisión, la que tengan. El Estado como conjunto de instituciones políticas, algo como institución de instituciones, puede con toda lógica cambiarse en el sentido que se quiera, es cuestión de diseño, hasta hacer liquidación se puede con punto final, faltaría más.

 

Regulado todo esto, decantado en normas, recogido documentalmente, en la Constitución, Ley de Leyes, Carta Magna. Documento referido a una realidad, como todo documento. Puede entenderse la Constitución como la expresión documental del Estado. No hay que perder de vista que una cosa es el documento definitorio y otra la realidad definida, precisamente distintas por la relación que las une, por su razón de ser.

 

El Estado Español en cuanto hasta aquí ha llegado, puede cambiarse, y, según la legislación nominalmente vigente, por el pueblo español. Cumpliendo unos formalismos se puede hacer prácticamente lo que se quiera.

        Y es el caso que el Estado Español viene siendo atacado, más que puesto en cuestión, sistemáticamente y desde el interior. Y más que por la forma adquirida, Estado, por lo de Español, en cuanto manifestación persistente de la españolidad. Se pretende, y así expresamente lo manifiestan,  negar a lo español, a España, el derecho a existir, a seguir existiendo bajo la forma que sea. Se llega a negarle la legitimidad de haber existido nunca. Algo así como la España maldita que ha de ser borrada de la faz de la tierra, arrancada de raíz. Por lo que significa, por todo lo que ha representado en la historia, por lo que pueda ser. Por lo que sea.

 

Desde fuera nadie relevante se pronuncia sobre el tema. Ninguna potencia extranjera aparece llevando la iniciativa. Ningún organismo internacional interviene. Si acaso algunos personajes estrambóticos, sobredimensionados, pero a requerimiento de españoles implicados. Porque el ataque principal es desde el interior. En lo visible el ataque desplegado es impulsado por ciudadanos españoles. No se sienten españoles y quieren dejar de serlo formalmente. Están en su derecho. Quieren pertenecer a otro Estado, alguno nuevo que preparan, para lo que pretenden desgajar parte del territorio del Estado Español. Hasta aquí realmente poco se puede objetar. Le reconocemos todo el derecho a quererlo así, a manifestarlo, a plantear la cuestión.

 

Para que esa pretensión esté justificada es suficiente la voluntad más elemental. Huelga cualquier argumentación. Cuestión de querer o de no querer. No  hay que dar explicaciones. Se hacen los trámites oficialmente previstos, que para eso están. Y punto. La tensión propia de toda andadura vital, el hacer y deshacerse, puede romper un buen día el equilibrio de cualquier entidad y desembocar su final, como antes durante el tiempo que fuera se ha vivido su permanencia. Y pasamos a otra cosa.

 

España ya sufrió el desgaje de Portugal, que Luis de Camoens, el cantor de las glorias portuguesas, decía que castellanos y portugueses españoles todos. La Monarquía Hispánica conformadora del Estado Moderno, en la versión que mantuvo hegemónica durante siglos, aunando los afanes de todo un pueblo. La Monarquía de las Españas, paradigma de quehacer colectivo.

 

        Siempre se puede caer más bajo. Que arriba implica esforzarse. Pero ahora, si se desgajan las partes que tan escandalosamente pretenden, lo que quedara no se puede seguir llamando España, que para estos efectos seguimos considerando Estado Español. Porque ya no lo sería. En eso radica el problema, no caben ya mutilaciones, sería el final. Que muy bien puede ser. Y pasaríamos a otra cosa. Con su nombre propio, que habría de ser otro.

 

 

Porque los ataques, desde puntos diversos pero confluentes, en series de presentación coordinada en el tiempo, aún por agentes distintos, con relevos en sucesiones temporales complementarias, en planos sincronizados de actuaciones, políticas institucionales, atentados terroristas, campañas mediáticas, iniciativas culturales, abusos ostentados en el ejercicio del poder por la administración del Estado, torpezas tan oportunas como inoportunas de los defensores oficiales de la unidad nacional española, acciones de gobierno ininteligibles que el tiempo luego deja en evidencia, apaños económicos, repartos de dineros, lagunas en la aplicación de Justicia en puntos precisos, omisiones  políticas efectivas en momentos adecuados, sentencias judiciales jalonando el camino, exhibiciones de cinismo que se reviste de pretendida inteligencia, astucias baratas desde impunidades supuestas aseguradas, focos de confusión activados de mala manera, interpretaciones de las leyes de lo más sinuoso, brutalidades gratuitas, salpicado todo de dejaciones y más dejaciones… ponen de manifiesto una persistencia en la acción, unos planteamientos de amplitud concordante, y una continuidad en apoyo logístico y en encubrimiento de las maniobras periódicas de reajuste, que el trascurso del proceso a lo largo del tiempo hace indisimulable, pero que el hastío lleva a no querer ver, a no comprobar por mera recapacitación personal habitual, no digamos ya por una revisión formal periódica, mínimamente objetiva y sistemática, que desde cualquiera de sus aspectos haga exponer de manera ordenada y significativa, las características relativas a la cuestión.

 

        El ataque a España se hace desde unas supuestas reivindicaciones nacionales. De antemano perfectamente respetables, vamos a prestarles atención.

 

        No resisten la menor comprobación. Además de ser absolutamente prescindibles para impulsar una actuación política de secesión, que, reiteramos, no necesita más fundamento que la voluntad formalmente expresada. Pues se meten en unas reescrituras históricas que oscilando entre lo grotesco y lo infame, hacen planear la pregunta del porqué se desencadena tal absurdo. Porque lo hacen desde la mentira, desde la mentira descarada. No se lo creen ni ellos, porque nadie se lo puede creer. No resiste, no ya una comprobación, sino siquiera una mirada. No es por descuido, es que lo quieren así . Porque así queda más claro que es una imposición. Si fuera una argumentación, por artificiosa que fuera, esgrimirían verdades, aún usando como verdades mentiras revestidas. Si te convencen, aún engañado, de alguna manera participas, pero no buscan un engaño sino una imposición, que humillado quedes debajo, y por eso ha de hacerse con la mentira abierta, en plena jactancia. Que sabiendo todos que es mentira, se proclame como verdad oficial, que se entienda el hecho por encima del derecho y de la razón, en exhibición de ese poder macabro en que busca recrearse la gente de esa clase. Y otras que a sufrirlo se prestan.

 

Es un alarde de imposición, buscando ganar por la fuerza, porque se trata de romper por romper, y al tener una viabilidad delirante el pedazo que se quiere arrancar, el destrozo a producir queda en exhibición incontestable de los efectos perseguidos. Derrota ostensible a pulso por el camino del mal menor, de componenda en componenda, cada vez más mezquina. Es la exhibición del envite amañado, su naturaleza forzada, su vivencia por encima del discurso, y, por debajo, la realidad a retorcer por hechos consumados.

 

Y como suele ocurrir, es tanto lo que se pretende confundir, que todo queda cada vez más claro. A quien quiera verlo, claro. Entre el mosconeo de tantos que de mil maneras se aprovechan, de esto y de lo que sea, obteniendo beneficio bien miserable en ocasiones como ésta, alcanzando notoriedades como nunca soñar pudieron. Seamos comprensivos, agitan el espantajo del separatismo para conseguir dinero, si creyeran que haciendo eso podrían provocarlo ellos mismos se asustarían. Se reparten dineros, se mata gente, se propagan tosquedades, se degradan los discursos. La guerra es la guerra, y dicen que no hay inocentes.

 

Todos los ataques van dirigidos a España, a lo que ahora es el Estado Español, de una manera u otra. Y esto hay que entenderlo, para darse por aludido, y valorar si procede defender lo atacado, o dejarlo caer, que todo puede ser. Pero es que lo llamativo sigue siendo lo innecesario, lo gratuito de la violencia aplicada, en lo conceptual, en lo físico, en lo formal. Queda claro que más que obtener algo es hacer daño lo que se busca, lo que se quiere es obtener lo que sea, pero si es de mala manera. Haciendo el mayor daño posible en todos los órdenes. Se quiere algo, más por el daño que producen las acciones para su obtención, que por los eventuales resultados nominalmente perseguidos.

 

No es tanto la viabilidad de las teóricas naciones a conseguir, en todos los sentidos más que errática, con expresiones tan delirantes, como a lo que quedarían reducidos los restos del Estado Español que quedaran. Rotos en lo material, deshechos en lo político, con la pretensión de quedar consagrado el insulto como identidad asumida. Lo del pueblo opresor derrotado y expulsado por el pueblo oprimido. En la macabra escenificación que desarrollan, lo que pretenden es que los españoles quedemos como los malos de una historia irreconocible desde la razón, pero extendida con pertinacia a brochazos de sangre y mierda. No se presenta siquiera una coherencia razonable en que se pueda basar la legitimidad emocional, que por otra parte nadie tiene inconveniente en reconocer a nadie.

 

No se es español flotando en el aire. O subido a una estantería del Registro Civil Central. Se es español siendo de algún sitio. Se es español por castellano, por catalán, por andaluz, por vasco. Y esto que nos encontramos al nacer, es como España se ha venido haciendo. El pueblo español que nos hemos venido conformando así. Patria chica y patria grande. No hay contradicción, ni antes ni ahora, en siglos, porque ni la ha habido ni la puede haber. Cuanto más vasco más español, cuanto más extremeño más español, cuanto más lo que seamos más somos lo que somos. Todo lo que se quiera ser.

 

 

Pero es que esto del tinglado separatista se monta siguiendo determinados esquemas. Se distribuyen roles y portavoces. Difusión de agravios y victimismo. Salpicarlo de atentados. Contar con la represión, que tiene que ser manejable, dirigida y orientable. Trabajarse lo de las señas de identidad. Todo esto siguiendo el llamado contexto internacional, para lo que se dispone el correspondiente eco. Buscando sintonizar con los modos y modas del momento. Presencia permanente en los medios de comunicación, en cada uno según su perspectiva. Comunicados y firmas. Acción continuada sobre los movimientos populares. Consolidar un imaginario aprovechando lo que sea, cualquier cosa. Que se pronuncien personajes mediáticos. Líderes, es importante que surjan líderes continuamente, lo que duren, pero que se vayan relevando, que llamen la atención cada uno en su momento, que irriten. Odiados y queridos, promovidos sobre una base social de connotaciones amplias  de algarada festiva. Y sangrienta. Choques muchos choques. De la manera que sea, siempre choques, el golpeteo constante, una y otra vez, con todas las manifestaciones superficiales multiformes que puedan suscitarse, pero por debajo siempre  el ritmo continuo de los choques. A lo que se va es a una ruptura, es lo que hay que tener siempre presente, siempre actuante. Al choque, cuanto más brutal mejor. Por eso hay que martillear sobre el dolor, sobre el daño que se torne irreversible. Fomentar estallidos, en cadena. Por eso es tan importante que haya victimas del orden que sea, del lado que sea, con cualquier motivo. Hay que acentuar lo irreparable, enconar odios. Promover cualquier descuido, cualquier exceso, cualquier suceso. Ahondar todo lo que pueda servir como brecha. Conflicto y más conflicto evitando que pueda tener marcha atrás. El hastío irreversible. La acumulación por hechos consumados, conglomerado encajado de mentiras, de crímenes, de errores, de culpas, de asco.  El estallido. La ruptura. La extinción. Acabado. Es actuar sobre un pueblo desgarrándolo en las partes que interese.

 

Y todo esto, años y años, sin que haya faltado de nada a pié de obra, en continuidad de acciones, que quien quiera  incorporarse encuentre todo dispuesto para lo que toque hacer en cada momento, relevándose organizadamente. No hay que preocuparse de nada, no hay que pensar apenas, se encuentra todo hecho, preparado y al alcance de la mano.

 

Cuando algo hace falta, por dentro o por fuera, aparece oportunamente, sucede en el punto justo y al momento, unas veces de una manera otras de otra, en alarde de imaginación, a nadie le importe cómo ni por quién. Que no ha faltado de nada. Todo esto supone, supone, un trabajo ingente, cuidadoso. Callado, minucioso, discreto. Tapado, por todas partes. Con los medios materiales que hagan falta previamente asegurados. Que nadie haga como que se da cuenta. Cuanto menos se pare uno a pensar, mejor para uno. Más vale entenderlo sin que nadie tenga que decirlo. Mejor apartarse espantado a que te aparten de mala manera.

 

Y se actúa sobre ambas partes. Sobre ambas partes nominales. España y el pueblo vasco, por ejemplo. España opresora, el pueblo vasco victima. O el pueblo catalán. También el gallego. Por donde se pueda meter cuña. Manos a la obra.

 

 

Se va deslizando, a discretos empujones. España, lo que sea eso, es la opresora, el pueblo que toque el oprimido. Partir de esto. Hay que hacer que se tome conciencia. Primero que se enteren todos y cada uno, de lo que tienen que ser conscientes. Se les va haciendo todos los dibujos que hagan falta. Que lo sientan. Se les explica lo que tienen que sentir. Fomentar intereses entremezclados. El discurso cultural de base. Complicidades, culpabilidades, hartazgos, aquiescencias, silencios. Acompañando, las acciones precisas. En el ámbito que sea. Hay carta blanca. De una manera o de otra. Machaqueo. La letra con sangre entra. Entra de determinada manera, la que hace falta. El hecho diferencial, y a medrar con eso. Pelearse con repartos. Diferencias, competencias, enfrentamientos. Sentimiento a sentimiento llegar hasta aborrecer.

 

        Nada de esto vale  si en los momentos decisivos no se alcanza el odio de pueblo a pueblo. Por muy imaginario que sea su principio. Es el objetivo. Es lo que hay que conseguir, la gente contra la gente misma. Y, llegado el momento, presentar la escisión como razonable, el hecho asumido como moderación consolidante, en exhibición motivada con aplausos coreografiados. La hora, tan duramente impuesta, de pedir reconocimiento amable. Se firma algún tratado de tiempo preparado, se escenifica la resolución del conflicto, se reacomodan las instituciones, se le da la nueva forma política que interesa. Hecho.

 

El cuento es rancio. El pueblo oprimido se levanta contra la opresión. Y se va añadiendo la represión desencadenada en gotas medidas, que suma y sigue. Se empuja la espiral de acción y reacción. Que ha de ser alimentada desde ambas partes, por quienes nominalmente las representan. Porque es un juego de actores definidos, expresivos, simbólicos. Solidaridad, que matan por nosotros. La unión por complicidad, de hacer algo malo, porque no hay más remedio, porque conviene. Es siempre por la libertad, que antes que nada es la nuestra. Son los aparatos del Estado quienes ejercen la violencia sobre lo propiamente estructural, y tienen que hacerlo que quede claro. Si nos dejaran vivir en libertad, les dejaríamos en paz. Porque lo que realmente queremos es la paz y la libertad. Para todos, pero por lo pronto para nosotros mismos. Para nuestra nación, organizada con su Estado. A lo que tenemos derecho, porque lo queremos. Tenemos el mismo derecho que tiene todo el mundo. No vamos a ser menos. Una nación tan antigua como la nuestra, la más respetable del mundo.

 

Importante que se vaya negociando,  supuestamente a escondidas pero que periódicamente se descubra, en paralelo y sobre todo, que esto es política. Siempre desde posiciones de fuerza obtenidas, progresivamente, acumulando. Nunca hay que soltar nada que ya se tenga ganado. Repartiendo a cada paso beneficios para todos, a cada cual según manera, atando gratificaciones, ganando adeptos. Son los que acuden siempre a por ganancia. Que se la ganen.

 

Pero está la cuestión central, la cuestión radical, la original, la de verdad. Por mucho que una administración anónima quiera jugar el papel central de malo. A pesar del esquema escogido por quien sea, con todos sus artefactos, apuntalamientos, y readaptaciones.

 

No ha habido opresión de España sobre ninguna de sus partes. No ha habido, ni puede haber opresión de pueblo sobre pueblo, porque todos los pueblos que hemos hecho España lo hemos sido por igual, ha sido una empresa histórica de incorporación por igual, de igual a igual, por su propia razón de ser, la razón de España, que nos ha hecho haciéndola. Con las dificultades que hayamos tenido, pero juntos y para todos, y el que nos haya valido la pena, es lo que nos ha hecho llegar hasta aquí. Esto es España, esfuerzo común, de todos y para todos. Es lo que hemos hecho y no otra cosa. Por encima de clases y grupos. O por debajo. Pero juntos y a la par. Todo aquel que ha querido sumarse. Y bien que se ha visto. Nada menos.

 

Y, desde luego, por encima de sentimentalismos, lo podemos dejar de hacer en cualquier momento, ahora mismo, si así lo acordamos, o desacordarlo sería, sin  mayor problema. Y no pasaría nada. Bueno, si acaso tendrían que pasar otras cosas, y ya no serían España. España dejaría de ser. Y lo que quedáramos, a ver qué hacemos. Pero eso es otra cuestión. Y claro queda que con otro nombre, que ya no podría ser el de España, porque ya no lo sería.

 

Que con lo que sí hay  que seguir siempre es con la verdad por delante. Eso sí que es lo eterno, lo llamemos como lo llamemos, a lo que alcancemos, lo que podamos. Entender el poder como levantar y encarnar una ley nueva por más justa, para todos, no como exhibición de que algo pueda estar por encima de cualquier ley.

Porque España nos vale. Nos sigue valiendo. Siempre dispuestos a reconsiderarlo a cada paso, revalidando como no puede ser menos. Y en lo que nos valga, seguirla haciendo.  Y si es que no, pues no. Si ha de derivar en otra cosa, que sea. Pero sin mentiras. Que es lo que nos da la fuerza ante los ataques del separatismo en las formas que reviste. Con todos los que lo alientan, desde fuera, y más desde dentro. Que son mentira y España no lo es. Por mucho que partamos de una equidistancia retórica. Las cosas son como son y esto es así. España es verdad y la están atacando con oleadas de mentiras fabricadas, porque quieren reducirnos a todo el pueblo español, a todo, incluidos vascos y catalanes, manchegos y riojanos, a un disgregado residual despojado de tradiciones y de vivir la historia haciéndola. De donde arraiga lo más importante, la capacidad de luchar por la justicia, que no otra cosa es la libertad. Y el juego consiste en todos los intereses soterrados implicados, que van por detrás. Y es por lo que es sencillo vencerles. Basta con plantarles cara. En cuanto encendamos la luz huyen. Su baza es la traición y nuestro encogimiento, no tienen otra. Y alimentar energúmenos fomentando lo más bajo de cada uno de ellos, y de cada uno de nosotros. Asesinato, mentira, corrupción, desidia. Cobardía sobre cobardía. De todos y para todos. La peor la nuestra. Nace del no querer verlo, siquiera.

 

Órdago, que siempre a mano lo tenemos. Que se vea. Estamos dispuestos a ver lo que sea, pero de verdad, desde la verdad, y no desde estos tinglados de mentiras que entre ellos mismos se están liando. Que no pretendan conseguirlo tampoco por cansancio. Que sencillo es desmontar todos ese aparato, que se tiene en pié malamente, escenificado por contendientes amañados, mantenido por la industria audiovisual de entretenimiento, apuntalado por intereses que dan la medida de la gente que se trata, a escondidas, que es como hacen las cosas que hacen ellos. Les plantamos cara. Que se vea.

 

Que quien de verdad quiera algo que lo diga. Pero a las claras, y abiertamente, entre todos lo vemos. Y tomaremos la decisión que consideremos conveniente. Entre todos por igual. Pero no por maniobras que de puro sucias acaban dejando todo claro.

 

Quieren que nos resignemos a que las cosas se hagan como las están haciendo. Pues no nos apagamos porque no queremos. Y que prenda, que eso sí queremos. Hay otras maneras, siempre las ha habido para nosotros, con las que alcanzamos lo mejor que hacemos, y son a las que siempre hay que volver. Reconquistando.  Vendrán tiempos mejores, y será con nuestro esfuerzo. Juntos. Buscándonos la vida juntos. Que de ahí venimos. Y queremos ver hasta dónde llegamos, realizar nuestra manera de entender la vida, seguir haciéndolo, vivir nuestra plenitud. Pero que lo hagamos nosotros, entre nosotros, y nosotros lo veremos. Sin engaños que solos se desmoronan, no hay más que sacarlos al aire, que es a lo que estamos retando.

 

Que todo esto es Historia. Historia pasada se dice. Pero la Historia hay que leerla en clave política, a ver qué se entiende. Desde el presente, proyectarla hacia delante, y desde luego hacia atrás, releyéndola antes que rescribiéndola. Reordenando las verdades cuanto se quiera, revivirlas, que es volverlas a hacer. Pero otra y mala cosa, y es esencial hacer la distinción, es elaborar bazofia para consumo del populacho, que es a lo que pretende reducir al pueblo cualquier nacionalismo, el español también, cuando se le falta al respeto de decirle la verdad, la nuestra misma, la que en ese momento tengamos, compartirla lealmente. Que ir juntos es ir a la par. Compartiendo la misma verdad, para poder hacerlo mejor.

 

El nacionalismo es el individualismo de los pueblos. La Patria es llamada a una tarea universal de salvación. El nacionalismo es una de las pestes que cayeron sobre Europa cuando, perdida la voluntad de empresa común, se quiso reducir la vida de los pueblos a la administración de lo mezquino.

 

         Esto sí que es cuestión de libertad. Porque es la libertad de donde venimos, la nuestra, la que como españoles hacemos. Con todas las dificultades que vengan. Pero quitando trampas, que las vemos. Por eso no quieren que haya libertad de verdad. Por eso no quieren representantes libres, no quieren que lo que el pueblo tenga que decir pueda ser recogido por las instituciones.

 

No se trata de ponernos solemnes. Se trata se ser alguien, y capaces de reconocerlo. Que en nuestra historia no ha faltado quien nos lo hiciera ver, y muy bien por cierto. No se trata más que de lo de siempre. Y a nosotros nos toca de esta manera. Vamos a verlo. Que se va a ver. Que es ahora. Y se nos está viendo.

 

El caso es que por muchas vueltas y revueltas, por muchas maniobras y juegos, recursos metidos, operaciones desarrolladas, acciones encubiertas, confluencias, logros y miedos. Al final todo es llegar, con las ventajas que se quieran, a donde poco valen, a lo insoslayable, a la piedra de toque. Al pueblo.

 

Pueblo a pueblo, cuerpo a cuerpo. Cara a cara consigo mismo.

 

Es lo que tiene la mentira, Puede ser rentable, pero hay que verlo en cada ocasión. Puede que sea útil. Pero es difícil que baste sola. Por mucho que precisamente el miedo haga acopio de ventajas, llega la hora de la verdad. Y es cuando todo se juega. Es por lo que cantamos órdago.

 

        Todo esto del separatismo es un acto de voluntad, y como tal no tenemos inconveniente en reconocerle legitimidad, la que nace de eso, del derecho a desear, por delirante que pueda ser, como venimos diciendo. Una volición teórica de escisión. Lo admitimos. Pero dónde está la sustancia que pueda dar pié a eso, es lo que toca ver. Esa separación que dicen que desean, y que tiene de antemano nuestro reconocimiento formal, que en sí no necesita motivo, como mera volición, vamos a ver si pudiera haber algo de lo  que pueda hacer función de motivo, del que sea, el que manifiestan o de cualquier otro. Y resulta que no lo hay. Eso, que por otra parte  no es necesario que haya, es que no lo hay. Pudiera ser que precisamente por eso. No hay pueblo español oprimiendo a otro pueblo. Porque sólo hay pueblo español, que es lo único que ha habido por estos pagos, desde el principio de nuestros tiempos.

 

Queda claro para lo que los quieren, para emplearlos en hacer daño. Que miren si otra cosa pueden estar haciendo.

 

Deshaciendo España no es que quieran otra cosa, es que al pueblo español en la medida que nos dejemos nos hacen venir a menos. Y es halagando nuestra vileza, lo bajo que todos podemos tener, y más caer, gratificándolo, subvencionándolo. Más en tiempos de tribulación, que cuanto más abajo caigamos más sitio libre dejamos.

 

Se juega como final. Recrudecen insultos. Energúmenos contra energúmenos. A escenificar una ruptura final. Con montajes preparados. Tanta mierda, y  queda que todo es mentira. Sabernos todos el mismo pueblo, más allá de tipismo de lugareños. Resulta que después de tanta sangre y de tanta roña política, les ganamos. Porque se les puede ganar y eso queremos. No vamos a dejarnos perder. Esto es España, señores.

 

         Tenemos muchos problemas, y en ello estamos. Pero esto del separatismo, de puro pudrirse no puede estar más claro, o no necesita estarlo más. Y hasta aquí hemos llegado. Como tenga que ser. Una peste, un parásito adosado, pero precisamente porque ahora estamos tan mal, no podemos permitírnoslo. Han invertido mucho en perdernos con esto, es para todos la sima de nuestro mal. Todos perdedores entre españoles, del primero al último.

 

        Después de todo, después de tanto, todo es tan mentira como claro queda, porque mentira es desde el principio, y no puede ser menos al final. Mentira porque no da para más. Se reduce a lo que por el camino hayan podido arañar, el daño que sí que han hecho, y los que se han arrimado para ir pillando. Pero el golpe decisivo, el golpe final, cada vez que sea llegada la hora en que nos lo jugamos, porque es mentira lo que traen, con lo que tenemos lo vamos a ganar.

 

España viene ya desde la Hispania Romana, aquellos celtíberos, y cartagineses, y griegos, y romanos. Pueblos aquí decantados, también seguro individuos sueltos, grupos humanos varios. Aparece un momento  significativo, al rey godo Walia el emperador romano de turno le hace entrega formal de la legitimidad romana de Hispania. Archidocumentada. Que por cierto, en el entrecruzamiento de pueblos, el que aquí vino entero y entero se quedó es el pueblo visigodo. Y esta credencial pasa a los reyes de Castilla y León, y cuantas veces es sacada a relucir, es reconocida como tal por todos los reinos y dominios, pero dejando celosamente claro que es autoridad moral y no ha de suponer mengua alguna en fueros, derechos de cada  reino,  señorío ni ayuntamiento, ni mucho menos en libertades personales.

 

Es una continuidad de España como unidad a transmitir, que con la invasión musulmana se menoscaba. La Reconquista es entonces nuestra epopeya nacional. De cuando todo estaba perdido o casi, volver a empezar. Son los Reyes Católicos quienes culminan la unidad de la Monarquía Española, sientan las bases del Estado moderno, y hacen de España la nación más poderosa de su tiempo, para lo que es imprescindible el concurso de todo el pueblo. De otra manera no hubiera podido ser. Y es abierta a todos como empresa universal de salvación.

 

         Ofreciendo a todos la verdad que entendemos como la hemos llegado a entender. Para ir a más. Monarquía Católica con vocación de Imperio. Mírese y remírese, cuantas veces quieran. Hagan revisión, y verán cuán fructífera resulta. Es de esos veneros inagotables de la Historia, tan buenos para todos. Esto sí que es Patrimonio de la Humanidad. De verdad. Desde que se alcanza la primera globalización, cuando se inicia la transformación del mundo para el hombre moderno. Perder esto de España sería perderlo para todos, no solo para nosotros custodios, que nos atañe mayor responsabilidad, porque es la nuestra, como otros tengan otra. Es en lo que radica eso de la importancia de ser español. El camino por España marcado.

 

España se desborda, y también se retrae. Guerras, prosperidades más o menos repartidas, y penurias, empeños y afanes. Es una tarea de incorporación, realmente de persona a persona, de rey a vasallo, a súbdito, de fe católica. Un estado misional, en apremio del tiempo, con enemigos siempre a las puertas. Se quiere hacer lo que se esta haciendo, lo que hay que hacer, que llama a todos por igual, todo es poco. Vocación de universalidad. De jerarquía vital. Es nuestra tradición tomando el eje de Europa.

 

        Y desde el primer momento los vascones, el idioma castellano es el latín con el sistema vocal vasco, que se recoge en la Rioja. Y los catalanes, del Reino de Aragón, que impulsa la proyección europea directa, de la Monarquía. El pueblo español siempre, de lo que era España, y de lo que fueron las Españas. El pueblo español en todas sus variedades y vertientes. Y fuimos hasta los confines del mundo, conocido y por conocer. Pero el pueblo español fuimos desde aquí, el pueblo español es el pueblo vasco, y es el extremeño, y es el murciano, y es todo quienes somos. El pueblo español no ha de llevarse ni bien ni mal con el pueblo vasco, porque el pueblo español es el pueblo vasco, que por vasco es español, porque quienes somos españoles lo somos  cada uno desde nuestro sitio. Que lo hemos llegado a ser por quienes desde su puesto como tales han ejercido.

 

No es más que lo que es, y es por lo que no puede ser menos. A partir de ahora lo que hagamos es cosa nuestra. Claro lo tenemos. Por más que quieran que no se vea. Porque no quieran que se vea.

 

Se ha levantado el armatoste de relecturas históricas que no es que sean equivocadas, es que son mentira. Y no vale decir eso de que todo es discutible. Discutible sí, pero en discusión científica, no mercadeo de vaciedades. Y reconocemos el derecho a no sentirse español, a no querer serlo, a que se disuelva España en la forma que pueda estar constituida. En cualquier momento. Pero que no se mienta. No desde la mentira. Que no aguanta la menor comprobación, precisamente aplicando la discusión científica en su forma más somera.

 

Pues se miente. Y se escriben artículos. Se hacen declaraciones. Se aporta dinamita. Se emiten programas de televisión. Se imponen planes de estudio. Se obliga la enseñanza en la escuela impidiendo la lengua materna. Se sueltan criminales convictos bajo cuerda, que otra cosa serían medidas de gracia movidas por la piedad. Acarreando dinero y más dinero para trastocar historia y lengua. Se mata en atentados. Se tapan victimas. La justicia se equivoca cuando procede. Errores burocráticos permiten fugas, impiden extradiciones. Prescripciones por descuido.  Se propaga administrar la justicia del mercadeo.

 

Es la lucha de los demócratas, nos cuentan. Demócratas contra violentos. Contra intolerantes vengan de donde vengan. Es la hora del patriotismo constitucional, dicen. Es tanto como decir que mejor que en casa vivamos debajo de la escritura de nuestra casa, con las hojas grapadas abiertas, como cubierta del frio y la lluvia, tan contentos, tan democráticos. Que lo malo son los nacionalismos, los violentos. Lo importante es la paz, que en cualquier momento la tenemos al alcance de la mano, basta con rendirse.

 

La línea principal de acción es separatista, el terrorismo es una función subordinada. Se mata o se deja de matar en función de los logros en  efectos letales de separatismo.

 

No es cuestión de un enfrentamiento entre pueblos por más que estén por provocarlo. Lo anuncian como cosa hecha para que la gente se agolpe, y así fomentarlo, pero sólo acuden cuatro energúmenos y otros tantos despistados, y como enseguida se cansan hay que reforzarlos con provocadores encubiertos, que también se queman y hay que renovarlos. Es lo que hace que vaya quedando al descubierto la noria macabra que hace asomarnos al pozo de donde acarrea, tan asqueroso como ilustrativo.

 

Son los ataques de siempre. Todos los pueblos los tienen. Es la vida,  la nuestra es así. Hasta lo de rendirse en nombre nuestro no es nuevo. Ya lo hicieron en Bayona. Y parece que fueron los mismos. Tuvimos que levantarnos todos. Es el embate de ahora. El que nos toca. A ver qué hacemos. Y cómo quedamos.

 

 

Afortunadamente que tenemos un nombre para lo que  quede cuando España acabe descoyuntada, si dejamos que le arranquen esas partes suyas tan esenciales cuya falta no permite la supervivencia. Y es un nombre que seguro que a todos pone contentos: Eurovegas.

 

Hay que darse cuenta. Y no echarlo a perder.

 

  J.R.E.                                                                                                                                                              Septiembre del 2.012

.

Share and Enjoy:
  • Print
  • Digg
  • StumbleUpon
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Yahoo! Buzz
  • Twitter
  • Google Bookmarks
  • Add to favorites

Tags: , , , , , ,

2 Responses to Hacer y deshacer España, razonadamente.-

  1. hispano íbero on 26 septiembre, 2012 at 12:47

    Es un texto muy largo y lo voy a ir comentando por partes.

    PRIMERA parte. Se alude a la traición del Gobierno socialista de hacer una “Desmemoria Histérica”, o Historia Selectiva de España, a mí no me valen las historias interesadas y ésta es interesada y políticamente correcta, no sólo dicen “sociatas” que hay que decir miembros y miembras, sino que no hay que decir moros, y lo único que me falta por leer es que a los Reyes Católicos e les tache de xenófogos (con la Alianza de Civilizaciones al nivel que está).

    La traición, Alta Traición diría yo, como bien dice el título de Lázaro. No es traición de Cataluña ni de País Vasco, es traición del Gobierno que votamos cada cuatro años los españoles, porque votamos por un Gobierno de todos los españoles, si no que en vez de haber hecho un Estado Autonómico en 1978, hubieran hecho directamente un Estado Federal tipo americano y ya está. En Europa no hay Estados con tanta autonomía a sus regiones como en España. La traición se ha producido desde Madrid, no desde Barcelona, bien por el antipatriotismo del PSOE, bien por los complejos del PP. Pero aquí quienes hemos perdido hemos sido todos, catalanes, vascos, andaluces, gallegos, extremeños, canarios, valencianos, castellanos, balearicos, murcianos, asturianos, aragoneses, santanderinos, riojanos, melillenses y ceutíes. No hemos estado unidos, sino al contrario, el “y yo más” nos ha desunido, nos ha enfrentado y hemos competido deslealmente, pero auspiciados desde el Senado y las Cortes Generales. Volvemos a ser las víctimas de un poder egoista, burocratizado y elitista. Ya no hay ni izquierdas ni derechas, hay ARRIBA Y ABAJO. Los españoles siempre ABAJO y despreciados de los poderosos. ¡ABAJO EL DESGOBIERNO Y EL CAPITALISMO DE LAS CLASES PRIVILEGIADAS (los sindicatos los primeros)!.

  2. hispano íbero on 26 septiembre, 2012 at 14:17

    SEGUNDA y última parte. Hemos dado alas desde el Parlamento a los separatistas, ahora no vale decir que la culpa no es del Parlamento, urge hacer una Reforma de la Ley Electoral, supresión del Senado y devolver al Estado la mayoría de las competencias asumidas por las CCAA. Me da igual si no es políticamente correcto, con esto aparte de combatir a los nacionalistas separatistas y a sus chantajes, reduciríamos costes innecesarios, bien es cierto que IU también estaría en contra porque según ellos, reducir el número de políticos que chupan de la mamandurria es reducir democracia, me trae al pairo lo que piensen esos traidores antipatriotas, alborotadores y mataviejas que son los de IU. Hay que votar a partidos políticos sin complejos, como por ejemplo UPyD o SCD. El primero de centro-izquierda (ESPAÑOL) y el segundo de centro-derecha (ESPAÑOL) y dejarnos de medias tintas y mentiras.

    No culpo a los separatistas, ni tampoco a los no separatistas que callan, culpo a los gobiernos desde 1978 hasta hoy que han calentado los asientos del Parlamento español. Como escuché a una persona en la calle decir, ya no iba a la Cruz Roja a donar sangre y era donante desde hacía 20 años porque cómo iba a donar sangre si a él le están chupando la suya los políticos españoles, el hastío es incuestionable. Una persona es capaz de dar algo, pero a cambio quiere ver también que su aportación es agradecida y ¡sirve!.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


    Fatal error: Call to a member function attributes() on a non-object in /homepages/3/d228679020/htdocs/app/webroot/home/agora/wp-content/plugins/weather-slider/weather-slider.php on line 35