Japón, España y la Tradición

21 marzo, 2012
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La derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial condujo al país a un vasto proceso de aculturación, impulsado por los norteamericanos ocupantes. Tres décadas después, el más preclaro escritor nipón vivo, Yukio Mishima, se suicidaba mediante el rito tradicional del sepukku, en la sede de las Fuerzas de Autodefensa. Los estupefactos soldados no entendían que estaba ocurriendo. El esforzado Mishima comprobó que en las mentes y corazones de aquellos jóvenes oficiales no se alojaban ya ni los restos de una Tradición que él, como tantos otros japoneses, había recibido de sus mayores. Hasta el Ejército ignoraba el espíritu de Yamato. El patetismo de su mirada ante la ignorancia de su ignorancia por parte de los presentes puede verse en las fotografías y grabaciones del momento. Hasta el último instante quiso guardar el mínimo de esperanza, pero no fue posible. Recuerdo aún la indignación del maestro de aikido Kitaura con los comentaristas ignaros y los periodistas petulantes calificando a Mishima de ultraderechista y otras sandeces.

Años antes, en una entrevista, el escritor había considerado a la obra “El rapto de Europa”, del pensador y gran maestro de ajedrez español Luis Díez del Corral, como la única digna de ser salvada si se incendiase su biblioteca. En ella se expone como la evolución de una nación, en ese caso Japón, debe basarse en la fidelidad a su auténtica Tradición, a lo mejor que de ella ha hecho ser lo que es, sin vergüenza ni falso orgullo. Aunando a ella los cambios, revolucionarios con frecuencia, que nuevos conocimientos, ciencia y técnica ponen a disposición de la nación, del pueblo en marcha.

Cuando los norteamericanos se estrellaron con la obstinada resistencia nipona en el Pacífico durante la II guerra mundial, encargaron un estudio a la eminente antropóloga Ruth Benedict que les permitiera comprender las razones de su comportamiento. La iniciativa, todo hay que decirlo, honra al Ejército americano de entonces. El informe fue publicado más tarde con el sugerente título de “El crisantemo y la espada”.

A finales de los años noventa, tras una sesión de trabajo con colegas de varias naciones, me correspondió sentarme a la vera de un joven japonés. Durante la conversación expresé mi respeto por el “sensei” (maestro) de aikido de quién tanto había aprendido. Las sonoras carcajadas de mofa hacia mi concepto de maestro, antaño tan arraigado en su cultura, le duraron un instante.

Setenta años después de El crisantemo y la espada, muy buena parte de la juventud japonesa, sin referencias, desquiciada, vaga a la deriva. La visión de Mishima; la causa por la que preparó su suicidio durante cuatro años; la pérdida de la identidad de Japón, se consuman. ¿Cuál será su futuro?

Mientras tanto, ¿Qué ha pasado en la otrora gran nación España?

En esencia: Los españoles hemos negado y renegado de nuestras raíces, tergiversado nuestros orígenes, falsificado los hechos clave de nuestra historia. Por primera vez hemos cortado la transmisión de la Tradición a nuestros hijos, que no saben quienes son ni de donde vienen. Tampoco quieren tener hijos. ¿Para qué? No tenemos disculpas, ni coartada, ni atenuantes. Nuestra estirpe se acaba. Somos reos de lesa Patria.

Diez años antes de que se escribiese El crisantemo y la espada, España fue convocada a una gran empresa colectiva: desmontar el capitalismo y poner la economía al servicio del hombre. Toda una misión, y por tanto de índole espiritual. Cada día se ve más perentoria su necesidad. Pero ¿sobre qué sustrato, sobre que principios podría hacerse? ¿Sobre fórmulas de sindicalismo revolucionario nacional? ¿En que se basan? ¿Por qué sobre éstas? ¿No hay otras similares o mejores? ¿Qué nos impulsaría a llevarla a cabo?: No parece que el imperativo categórico sea suficiente.

Podemos darle mil vueltas; al final siempre tropezamos con los dos elementos claves para entender y poder llevar a cabo, si es que se quiere, tal misión: Tradición y Revolución. Sin su síntesis no es posible; no desde la deshipanización de España.

Japón ha perdido su Tradición, el crisantemo y la espada. Muchos, también en estas páginas, están empeñados en que España ignore la suya: La Cruz y la espada.

Hemos vendido nuestra alma al diablo, adorando al becerro de oro y abandonando la Cruz. Hemos roto la espada, sustituyendo a Jorge Manrique por héroes ficticios de un mundo irreal, que abarca desde los videojuegos hasta las enfebrecidas fantasías de los Julius Evola de turno. No ha lugar empuñar ora la pluma ora la espada, sino hay una causa superior por lo que hacerlo.

Raúl Fernández González

 

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6 Responses to Japón, España y la Tradición

  1. Pasaba por aquí... on 22 marzo, 2012 at 9:52

    No me parece factible el intento de equiparación entre tradiciones que pretende esta entrada. Siempre y cuando haya comprendido bien lo que se pretende comparar: las tradiciones samurai y cristiana.
    Para que esto fuera posible, habría que establecer que ambos sistemas se basan en el cumplimiento estricto de un código de comportamiento milenario. Esto, que es absolutamente cierto y patente en el caso del Bushido, no es más que una torpe presunción en el caso del cristianismo.
    La tradición del Bushido se sostiene sobre siete principios o virtudes que permanecen inalterables a lo largo de los siglos y cuya contravención supone el deshonor, como éste supone la antesala de la muerte ritual (seppuku).
    La tradición del cristianismo, por el contrario, no se fundamenta en doce principios esenciales (diez mandamientos mosaicos y dos mandamientos estrictamente cristianos), sino en su constante contravención. La tradición occidental-cristiana es una mofa permanente de unos principios que, so capa de creerse propios, son universales. No matarás, no mentirás, no robarás, no cometerás actos impuros… ¿Cuándo ha dejado “nuestra” tradición de alimentarse del crimen, la mentira, el hurto o las seducciones de la carne, bajo la cúpula misma –incluso- de la catedral de San Pedro? (construida, a mayor abundamiento, como un monumento a la bajeza humana). ¿Es eso cristianismo? La respuesta es: no. Y su consecuencia lógica, que hemos vivido bajo una tradición cristiana que de cristiana no tenía sino el nombre.
    La tradición del Bushido sucumbe ante la única fuerza que podría pulverizarla: la derrota militar, la pérdida del honor, la rendición y la humillación del armisticio. Su mito fundacional y fundamental se hace añicos ante el fulgor de las bombas atómicas. La tradición del guerrero deja de tener objeto y se ve sustituida por una nueva visión del mundo: la de los negocios y el dinero. Lástima. Los escasos cultores de la vieja tradición son hoy tan pocos como aquellos auténticos cristianos que se mantuvieron fieles al mensaje original de Cristo bajo los siglos de la oscura “tradición” cristiana.
    La tradición del cristianismo sucumbe, igualmente, ante las consecuencias de su pecado original: la incoherencia entre el mensaje y los hechos, y la gigantesca hipocresía de sus fieles. Su mito fundacional y fundamental, el amor a Dios y a los semejantes, se volatiliza cuando se confronta con su pasado de violencia, abuso de poder y crueldad extrema, que eso (y no otra cosa) es la tradición cristiana: decir una cosa y hacer la contraria; arrasar pueblos y aldeas; saquear sus graneros; pasar a cuchillo a los hombres y a los niños; violar a las mujeres y a las niñas, etc. Y todo ello,  “a mayor gloria de Dios” (pido disculpas por el colorido del relato, pero acabo de leer una biografía de Carlomagno y aún contengo las nauseas). Era necesario un pueblo muy inculto para sostener esa farsa moral; conforme la gente se fue educando, la tradición-cristiana-no-cristiana fue perdiendo terreno hasta la situación actual.
    Ahora; precisamente ahora es cuando los cristianos parecen comprender hasta qué punto se han mantenido “tradicionalmente” de espaldas al mensaje evangélico, e inician su travesía del desierto en busca de un nuevo lugar bajo el sol. El cristianismo “tradicional” no es cristianismo, sino un mal remedo de la peor moral del paganismo.
    D. Raúl: para un cristiano de verdad, (ojo: de verdad) no hay más causa superior que el amor a Dios y el amor al prójimo. Y para servir a esa causa, nada más inútil que una espada.

  2. Alarico on 22 marzo, 2012 at 11:49

    Raúl:
    La visión de Mishima, como dramaturgo, le lleva a añorar un mundo ya perdido cuando el nació, y su suicidio una escenificación teatral, un canto cara a la galería, dejar a la posteridad una imagen como último samurai.

    En España, también existen “Mishimas”, gentes que añoran sus reyes con poderes absolutos, batallas contra los infieles, sean estos moros  o protestantes, mantenedores de hidalguías pasadas, pero no es de eso de lo que te quejas.

    Afirmas que los españoles hemos renegado de nuestras raíces, falsificando la historia y no transmitiendo la tradición a nuestros hijos.

    ¿Quién ha renegado?, ¿la sociedad?, ¿toda?, o parte de lo que añoras son ¿los cambios que el tiempo va haciendo en la sociedad?, la natalidad ha descendido ¿solo en España?, o es un fenómeno occidental?, ¿por perdida de valores?, ¿por desinterés?, o por esta sociedad hedonista, cómoda, placentera en la que vivimos.

    No es España, es Occidente todo, como le pasa a todas las culturas con el tiempo, el cáncer de la decadencia nos invade, la solución no es volver al origen, es ir en busca de la nueva cultura que amanece, cultura mestiza que renueva sangre vieja,

    Busquemos en nuestras tradiciones, aquellos valores importantes e universales, cojamos los que aportan otras culturas, unámoslos, no cerremos puertas como Mishima, no entreguemos nuestro cuerpo sin lucha como ofrenda a la nada.

    En estas páginas se expresan ideas, no todas coincidentes, hay quien ve tradición en la cruz y la espada, para otros su tradición se basa en otros principios.

  3. Carlos on 22 marzo, 2012 at 19:40

    Con la cruz y la espada nos ha ido fenomenal,asi como con la nobleza,o los discursos desde los pulpitos,o los cuartelazos………
    Esa desde luego no es mi tradición.
    Arriba españa,y por supuesto arriba el Japón eterno¡¡¡¡

  4. Carlos on 22 marzo, 2012 at 21:23

    Sin duda el pueblo japones siente una admiración particular hacia España,es un pueblo trabajador,solidario,virtuoso,y agradecido,muy agradecido.
    A mi desde los cinco años,en las disciplinas marciales del Japón,me enseñaron a pedir permiso para entrar en un recinto,ir a saludar ceremonialmente al profesor,no darle nunca la espalda,guardar al final de la clase unos minutos de silencio meditativo que nos autoencontraba con nuestro ser primordial.
    Recuerdo al hilo del comentario que hace Raul fernandez,cuando Mishima admira la pintura Española,como me sorprendí un dia que venía a España el hijo de mi Maestro de karate,me puse mi camiseta preferida con el nombre de JAPAN,otros compañeros hicieron cosas similares para agradar al hijo del maestro,recibirlo bien…..Pues la sorpresa fué que llevaba en el cuello una gran cruz Cristiana,muy grande ademas,desde entonces les entiendo un poco mas,y su capacidad de empatia y respeto por otras culturas,sinceramente me sorprendio de un joven oriental educado en valores muy tradicionales del japon.pero queria agradarnos y correspondernos.
    En el dojo el Mestro colocó dos banderas,la de España y la de japón.
    La ultima vez que lo vi,fue con motivo de la muerte de un joven compañero…Okada,el Maestro ,víno especialmente para despedirse de aquel joven budoka.
    realizamos una ceremonia silenciosa con muchas lagrimas,a la izquierda un brote de flores de cerezo,traidas de japón,el maestro realizo un kata para el,en ofrenda,posteriormente fuimos a comer,y junto al maestro,una silla vacía un nplato de comida,arroz,y sake,donde el Maestro comia por ultima vez con el espiritu de su discipulo.
    Fue muy emocionante,tras lo extremo ,lo ferreo del caracter de los japones en su mayoría seesconde un componente emocional fuertisimo,y una empatía que para nosotros los Españoles la quisieramos.
    En diez años,superan la catastrofe ,trrabajando todos juntos,unidos,en patria,y destino,en diez años vuelvena superar economicamente a China,y como hasta ahora el pais con mayor renta percapita del mundo.
    Solo tengo buenas palabras para el pueblo japones,y para aquellos que en dificiles años,de drogas,de muerte juvenil,de problemas en barrios marginales,nostendieronb su mano,los que no fuimos capaces de encontar una iglesia que nos consolara.

  5. Raúl Fernández on 29 marzo, 2012 at 18:59

    Esta contestación llega con retraso, pero no ha podido ser antes. Pido disculpas por ello.
    En uno de los primeros artículos publicados en este Ágora, dije que “Parece que siempre ha habido una cierta polémica entre los falangistas sobre la religión. Confieso que no he entendido bien su razón de ser, aunque sospecho que con frecuencia ha estado planteada de forma equívoca en sus términos”. Tenía olvidado este asunto, pero parece que no es posible, aunque quiera evitarlo. Digo todo esto porque a raíz de un breve articulito, en el que a propósito de dos países de innegable trayectoria histórica de marcada personalidad, como son Japón y España, reflexionaba sobre lo que en mi opinión está suponiendo la pérdida de sus respectivas tradiciones, de nuevo ha surgido el tema. O no me expliqué bien o no se ha querido entenderme. Me resulta cansino, más aún porque en este Ágora no me proclamo falangista o cristiano, lo mismo que no me proclamo perdiz o glaciar.
    Mis estimados Pasaba por aquí, Alarico, Carlos y demás amigos:
    Como el título del artículo bien claro dejaba, su contenido se refería a Japón, España y sus tradiciones. No se entiende pues la frase inicial de Pasaba por aquí “No me parece factible el intento de equiparación entre tradiciones que pretende esta entrada”. No se equiparaban ni siquiera se comparaban tradiciones nacionales, sino que se ponía de manifiesto el efecto que sus pérdidas están suponiendo, especialmente entre la juventud.
    Sigue ”Siempre y cuando haya comprendido bien lo que se pretende comparar: las tradiciones samurai y cristiana”. Lo dicho, no se entendió bien. Claro que no es factible comparar las tradiciones samurai y cristiana. Son categorías diferentes y por tanto ni comparables ni equiparables. La tradición samurai es propia de una casta japonesa relativamente cerrada, definida fundamentalmente por su actividad guerrera. La cristiana es propia de una religión universalmente extendida abierta todos los hombres. Tampoco sería comparable la tradición sintoista o zen con la tradición torera o de la pelota vasca, por ejemplo.
    La samurai -asimilable a la espada de Ruth Benedict- es una parte importante, pero no abarca la totalidad de la tradición japonesa. Dentro de la simplificación, y por tanto reduccionismo inexacto que supone hablar de crisantemo y espada, para entender la tradición japonesa no puede uno olvidarse del crisantemo: la tradición del jardín japonés, la ceremonia del té, la escritura con pincel, … toda una serie de manifestaciones que no son ajenas al samurai, pero tampoco exclusivas suyas. La cristiana es una parte importante, pero no abarca la totalidad de la tradición española. Muy periclitada si se quiere, pero con seis a diez millones de fieles asistiendo a Misa cada domingo en España.
    habría que establecer que ambos sistemas se basan en el cumplimiento estricto de un código de comportamiento milenario. Esto, que es absolutamente cierto y patente en el caso del Bushido, no es más que una torpe presunción en el caso del cristianismo. Evidentemente, una religión no es un sistema; en el caso del cristianismo no se “basa en un código”, como tampoco creo sea el caso del Bushido, que conforma más bien un estilo, similar en ese sentido a lo que se entiende por “todo un caballero” español;  pero seguir por aquí nos apartaría del tema.
    A partir de este pasaje, el escrito de Pasaba por aquí no es más que afirmar lo que niega y negar lo que afirma: “La tradición del cristianismo, por el contrario, no se fundamenta en doce principios esenciales …, sino en su constante contravención”. No amigo. El cristianismo puede haber sido constantemente contravenido por muchos de sus seguidores, porque todos somos pecadores, pero su tradición no puede ser la del no-cristianismo. Lo mismo que la tradición sintoísta en Japón no puede ser la del no-sintoismo o la de su violación por sus seguidores.
    “La tradición occidental-cristiana es una mofa permanente de unos principios que, so capa de creerse propios, son universales”. No, amigo. Cuan importante pueda ser el componente no cristiano de la tradición española es algo discutible, pero llamar tradición cristiana a la eventual tradición derivada de su transgresión, no es intelectual ni históricamente sostenible. Por otro lado, como bien dices, los principios cristianos son universales. Ese es el significado de católico. Hasta donde yo sé, nunca los ha reclamado como propios, como insinúas.  Si algún mérito ha tenido el cristianismo en la evolución de la Humanidad ha sido el de hacer aflorar el principio de la ley natural.
    “hemos vivido bajo una tradición cristiana que de cristiana no tenía sino el nombre”… luego no es cristiana, digo yo…habrá sido otra cosa.
    “Su mito fundacional y fundamental (el del cristianismo), el amor a Dios y a los semejantes, se volatiliza cuando se confronta con su pasado de violencia, abuso de poder y crueldad extrema, que eso (y no otra cosa) es la tradición cristiana”. No, amigo. Llamar “mito”, cualquiera que sea el sentido que le des a esta palabra, no parece aplicable al principio de amor a Dios y a los semejantes, por mucho que se haya violado. No se si estás hablando de historia o de tradición, pero en cualquier caso, decir que la tradición cristiana no es otra cosa que violencia, abuso de poder y crueldad extrema, es simplemente falso. Por mucho que los cristianos se hayan comportado así (de lo cual a nadie he oído blasonar), pretender ignorar dos mil años de ejemplar entrega a los demás por parte de muchos miles de cristianos es mucha ignorancia; y no voy a hacer ahora una lista de vidas y actuaciones modélicas. No solo reyes, príncipes y jerarcas se han dicho cristianos. Habrán influido más poderosamente en el curso de la historia, pero dudo que hayan contribuido a conformar la tradición más que muchos humildes y desconocidos cristianos, verdaderos héroes anónimos.
    “precisamente ahora es cuando los cristianos parecen comprender hasta qué punto se han mantenido “tradicionalmente” de espaldas al mensaje evangélico, e inician su travesía del desierto en busca de un nuevo lugar bajo el sol”. La primera frase queda muy bien, pero no dice nada; ¿Qué quiere decir aquí “tradicionalmente”?. Parece simplemente una excusa para introducir de nuevo en el siguiente párrafo la palabra tradicional: El cristianismo “tradicional” no es cristianismo, sino un mal remedo de la peor moral del paganismo. Que yo sepa no hay cristianismo tradicional –por muchas comillas que se le pongan al vocablo- como no lo hay progresista.  Por último, el desierto tenemos que cruzarlo todos; cada cual sabrá cual es y si quiere o no cargar su cruz. Como lo encara cada uno, es asunto personal. Respecto a la espada, no seré yo quién desautorice a Cristo llamándole anticristiano por arrojar con violencia a los mercaderes del templo; tampoco seré yo quién niegue el derecho a la defensa propia o, en otro orden muy distinto, quién saque de contexto “la dialéctica de los puños y las pistolas”.
    Esta música ya la he oído muchas veces; y la letra también:
    “El cristianismo también aportó una intolerancia de una clase nunca vista. Esta intolerancia… le ha caracterizado desde sus principios. Toda la primera literatura cristiana no es más que un largo grito de odio, de apelaciones a la prohibición, a la destrucción, al saqueo. Más tarde, en todas partes donde tuvo el poder, la Iglesia persiguió. Estas persecuciones… hicieron víctimas a decenas de millones”.  “El cristianismo puede denunciar el indiferentismo o el materialismo del que ha sido víctima hoy, pero nunca reconocerá que él mismo lo ha generado. Finalmente, la modernidad no es más que la última de las enfermedades cristianas”. Alain de Benoist.
     

  6. Carlos on 30 marzo, 2012 at 20:58

    Gracias Raúl,así lo entendi yo,sabiendo ademas ahora que eres un gran conocedor de las antiguas tradiciones del japón,y ademas practicante de Aikido-que es la sublimación del espiritu del budo japones.
    Este tema aunque pueda  parecer minoritario culturalmente,está muy vivo,así como la lectura de escritores japoneses,….hace no mucho tiempo en el programa nocturno de sanchez Dragó se hizo una parte dedicada a este tema de la cultura oriental,en concreto japonesa.
    Un saludo¡¡¡

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